sábado, 31 de diciembre de 2005
Junto al cerro de San Cristóbal hay un alto desde donde los vacceos, protegidos por muros de piedra, vigilaban las tierras repletas de encinas y bosques que llegaban hasta las riberas del Duero por el Sur y a las montañas de los astures por el Norte. Con el tiempo, el lugar fue conquistado por los romanos. Construyeron murallas más altas y grandes torres blancas, para dominar mejor los campos de los alrededores. Con el tiempo, fundaron la ciudad de Graca, la actual Grajal de Campos.

Las tierras que rodeaban esta altura eran muy fértiles. La simiente crecía en gran cantidad, de manera que aseguraba el alimento de todos los moradores del castro. El entorno era un vergel. Las llanuras se veían horadadas por multitud de fuentes de aguas subterráneas. El trigo crecía en abundancia, sin que tampoco faltasen las extensiones de viñedos. Con los otoños, brotaban las setas. El lugar era poblado por cuantiosas especies de animales y aves, por lo que la caza era abundante. Todo era verde en primavera y dorado en los meses de verano y otoño. Turrutalba era un paraíso, y como tal fue escogido primero por vacceos y posteriormente por romanos.

En la actualidad ya no existe nada de este esplendor de los campos aledaños a Grajal. Sólo perviven dos altos desgastados por el tiempo, que nos recuerdan tiempos de grandezas pasadas.

Esta leyenda ha sido recogida por D. Vicente M. Encinas. Si alguien desea conocer más aspectos sobre esta historia, le remitimos a su magnifico libro sobre las leyendas del castro de Turrutalba.

Para más información sobre la leyenda:

Martínez Encinas, V. (2003): Las leyendas de Turrutalba. Ediciones Monte Casino. Zamora. Pp. 27 – 30
Publicado por man1968 @ 9:52  | Cosas de Grajal
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